NO

No.

¿Lo ves?

No…

Es simple.

La negación oculta la sinceridad

de dejar la cuerda tensa ante la guirnalda.

No!

Mil veces

desazón.

Y tus labios siguen amaneciendo

en el paréntesis.

Y tu boca no acompaña el gesto con el hombro,

o el hombro es el dueño de la frontera

con el duelo.

No!

Mil veces.

Hasta donde sabemos.

Hasta donde decimos saber o creer saber,

que ya no queda lánguidos versículos

para engañarnos.

Hasta donde sabemos que es mejor susurrar a los caballos,

que desnudarte en cueros por el piso

y sentir que en la cocina, soy la amante perfecta.

No!

Mil veces,

descaradamente.

Sobornarme.

Matarme.

Es simple.

No…

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