¡El destierro se ha convertido

en un desierto tan blanco!

Me desnudaba la piel al grito

poderoso de los muros;

decepcionan la ironía.

Me uní a la siguiente orgía.

Mientras mis manos gritaban:

-la fuente estaba vacía-.

Los campos estaban vacíos.

El vaso estaba vacío.

El bolsillo estaba vacío.

La guerra estaba vacía.

La bolsa estaba vacía.

Me uní a la siguiente sílaba perfecta:

-se desentiende

de toda menudencia-

Se entretiene buscando la indefensión

de los hijos de la noche,

que rabian mientras los charcos

se agarran a las farolas.

Mientras el taxi huye de la parada del metro.

Mientras los luminosos se apagan

con el chasquido de los dedos.

Mientras ayer se convierte en mañana.

La guerra es la victoria.

O la derrota es la guerra.

La barbarie es la guerra.

La desidia es la guerra.

El hambre… el hambre es la libertad

debajo de las sábanas.

El sostén abandonado en el suelo.

El carmín roído por la termita.

Los labios unidos por un chasquido

que no suena.

La cartera vacía con el menú a la carta.

La rosa sin pétalos, o sin espinas, o sin tallo,

o sin diadema; sin el deseo de ser un sueño

junto a mis zapatos.

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