PIEL RÓSACEA

(Para José Herrero)

Quédate esta noche.
Quédate en mi piel.
Quédate un segundo deshojando
la espina clavada en la retina.
Quédate sigilosa en tu rosal,
en tu ancha frente que voy a contarte
todo.
Yo lo sé.
Sé qué es el amor,
qué extraños caminos llegan
a convertir la coraza en un desierto.
Se que penetrar en la muerte
es comenzar a ser nada,
nada que antes no sepamos,
nada que antes no hayamos amado,
ni siquiera un segundo.
Y como aquel fausto vendiendo su alma,
nosotros vendemos el destino,
¡si! destino incierto como una musaraña,
un deshielo total de nuestra insolencia.
Ya la muerte quema,
y la vida salva.
Ya la vida se salva,
se llena,
y la muerte escapa,
ya soy inercia pura que el paisaje
se cierra,
se cierra y se convierte en ceniza,
trasplantada en una planta,
cuya sangre está petrificada
de eterna blancura,
eterna insolencia.
j h

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