CANTO

Nos besamos
en cada lluvia.
Mientras la hierba va dejando
terreno a nuestra espalda quebrada.
Señal inequívoca,
de un roce o un acuario donde
los peces navegan entre aguas turbulentas.

Nos acariciamos en cada duda,
en cada siniestro equívoco
como la guerra de una tregua,
delito de paz
que nos otorgamos,
si es necesario para vivir
o hacer que vivamos.

Nos limpiamos
la caricia que no se dibuja nada más que con los ojos,
con la boca, con el beso,
¡oh si, el beso!
El corte en el diluvio de cada centímetro,
el juez y parte de una sentencia efímera
con la lentitud de los años.
¡Qué ridículos nos veíamos!
si tú o yo,
el otro,
antes de ayer, ayer o antes.
Yo era una prolongación de tu verbo,
yo era antes que ahora, mucho después
de ser,
tú eras pequeño,
pequeño y enorme mucho después
de anticipar tu cintura,
ese gramo de cerezas,
ese ingrediente que me falta,
me falta o me sobra,
claudica, y me tienta,
me tienta, como si fuera
la fiebre, que me espera

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