FIEBRE

Tiembla la fiebre.

La espuma y la sal barriendo

hacia mi cama.

Esta pobre maldición que soporto

despojándome de la tierra,

o es la tierra que llama a mis huesos.

La llama se extingue como un rosario

enjuto de hiel.

Sabroso opio,

óbito entre mis pobres manos

que ahuyentan la macabra oligarquía.

Estoy…estoy aquí. Aquí.

¡Solo aquí!

Recordándote, o matando esta

soberbia dolorosa como un párpado

en lágrima viva.

¡Ah, mis lágrimas no atienden!

A la súplica, al idilio, al fin que se ha aproximado

en este invierno angosto, superfluo

que una, otra …otra vez de nuevo

me mata como un fusil,

como amante barato

en la soledad de las damas,

en la soledad de un tablero ruín

maléfico de cuento constante.

 

 

El OPIO te busca como una  malsana codicia.

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