SALINA

¿Quien me acompañará en la madrugada y en el alba,
después de una lágrima?
Si tibio está el sol, ciegos mis huesos.
¿Quién acunará mi semblante entre la tierra
y el monte santo?
¿Quién mirará las flores, o acaso las echará
a este mar que duerme en mis brazos?
A la penumbra de una vela descuido mi tacto,
a la voz de una marioneta le dicto mis versos.
Pobres versos,
pobres días,
pobre delirio.
pobre desamor infundado.
¡Pobre cuerpo moribundo
de sal y de orilla dormida,
en  la instancia de los besos!

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