SEQUÍA

Sequía.
Seco el paladar en la agonía maldita.
Seco el arrozal.
No quiero beber
de la lluvia que agarra mis puertas.
He cogido
el número exacto.
Se cuela un cinco y un seis entre la soledad
del eterno descanso.
Yo solo me provoco sequía.
Me provoco un duelo
de no poder beber de tus estigmas,
ni siquiera de la vida.
Ni de tus apetitos,
o serán los míos que quedaron en una carnicería
trotando entre los miedos.
Me gustaría ser un miedo agazapado en la ventana.
En un sonido hueco de la buhardilla.
Esperar que  abras la `puerta
y me saques de mis propios cerrojos.

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