VIAJE

Viajero es el tiempo
que muerde la luna.
Inquietante isla en el cielo.
Mar bravo.
Eternidad efímera,
mientras los silencios se esparcen
en mis dedos.
Correr entre suspiros que me nublen
hacia otro cuerpo.
La mente es un maldito complot
de pequeñas tildes
doblegadas por el crepúsculo,
la mañana, o la eternidad.
¿Y qué queda?
Si mi muerte es una infancia denostada por el vacío.
Correr en las manecillas
intentando coger el rastro.
Y siempre llego la última,
siempre que mi amparo me indigne.
¡Ah, mi amor cuanto dará de luz!
Cuanto dará de placer.
Cuando daré de mano,
para conspirar…
Los valles se han cerrado en un tiempo donde todo
se asemeja a un color sepia
diferente que tímidamente angustia.
Y me toco.
El tacto no es frío.
Es una pérdida elocuente de intervalos

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