COHABITAR

Cohabitaba en el rumor de tus dedos,
acariciando el pómulo,
la desidia de no envolverte,
el áspero naufragio en tus besos.
Cohabitaba entre tus latidos
y mis ganas de quitarme
la ropa que me anuda la piel
sin libertad vigilada,
si temo perderte.

Cohabitaba entre orgasmos de fuego,
entre el toma y daca de la fiebre, mientras,
contener el frío se convierte en una dama casi escuálida,
donde habitar es okupar los miedos

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