EL ENJAMBRE

Así puluan en el ambiente,
en el estertor,
en el día,
en la noche,
en los cuerpos,
en el alma,
en la bajeza,
en el asco,
en el olvido,
en el crisol,
en la penuria,
en la saliva,
en el quicio
de los vertederos,
en los cartones,
en la miseria,
en el ácido.
Especulas en el enjambre,
porque las marcas del pueblo
son como la mancha
en los cuellos almidonados
de quienes compran con el reverso
de las monedas, la marca de mi bandera,
el lujo de mi patria.
ENJAMBRE de los panales
que chupan la sangre de quienes
trabajan la tierra,
y huelen a un Dios fabricado
por la incontinencia del señorito,
la letanía del fariseo,
la ostia de la reverencia,
la cruz del santo y seña
podrido en las aceras,
y mientras,

 El denuncia en el vacío
del espíritu el plagio de un nombre al servicio
de la compra-venta,
de la señal de la cruz de los faldones y chupatintas,
y yo solo procuro mirar el enjambre desde la puerta,
golpeándome el pecho en un Señor, Señor,
qué hemos hecho en tu nombre, o en el nombre del otro,
del gobierno, del mandatario,
y de las cuartillas de don soy y no tengo nada.
No quiero corona ni sitio ni recreo,
solo….mirar el día para poder tener donde agarrar
mis dos carnes de mi carne, y sangre de mi sangre y darles el cáliz diario donde poder sobrevivir.
Clamar como decía Hernández:
“Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.”

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